Estudiar los biomarcadores de un cáncer de pulmón puede cambiar el tratamiento que recibe el paciente. Esa es la idea central de este artículo, y la razón por la que hoy hablamos de un tratamiento personalizado.
Cuando diagnosticamos un cáncer de pulmón, una de las primeras preguntas que debemos responder es: ¿hasta dónde se ha extendido la enfermedad? Pero hoy esa pregunta ya no es suficiente.
Dos pacientes pueden tener tumores que parecen iguales en el TAC e incluso al microscopio. Y, sin embargo, sus células tumorales pueden presentar alteraciones moleculares distintas. Esa diferencia no es académica: puede hacer que el tratamiento más adecuado para uno sea diferente del indicado para el otro.
Por eso ya no existe «el» cáncer de pulmón, sino muchos cánceres de pulmón distintos. Y la pregunta correcta ha dejado de ser «¿qué tratamiento se usa para el cáncer de pulmón?» para convertirse en:
¿Cuál es el tratamiento más adecuado para este cáncer de pulmón concreto y para este paciente concreto?
¿QUÉ ES UN BIOMARCADOR?
Un biomarcador es una característica biológica del propio tumor que podemos analizar en el laboratorio. Puede ser una alteración en un gen o la presencia de una proteína en las células tumorales. Se estudia fundamentalmente en una muestra de tejido y, en algunas situaciones, en sangre (la llamada biopsia líquida).
Para entender su valor es útil separar dos preguntas distintas:
- La estadificación (sistema TNM) responde a ¿dónde está el cáncer y hasta dónde se ha extendido? Valora el tumor (T), los ganglios (N) y las metástasis (M).
- Los biomarcadores responden a ¿cómo es biológicamente este tumor?
Ambas informaciones son complementarias. La estadificación orienta si está indicada la cirugía, la radioterapia, un tratamiento sistémico o una combinación. Los biomarcadores ayudan a elegir qué tratamiento sistémico concreto puede ser más eficaz para ese tumor.
Probablemente haya oído nombres como EGFR, ALK, ROS1, BRAF, KRAS o PD-L1. Como paciente, no necesita memorizarlos. Lo importante es entender para qué sirve conocerlos.
UN BIOMARCADOR, UN TRATAMIENTO ESPECÍFICO
Esta es la idea más importante: determinados biomarcadores permiten seleccionar un tratamiento diseñado específicamente para la alteración que presenta ese tumor. Es la base de la medicina de precisión.
Cuando el análisis molecular encuentra una alteración concreta, esa alteración puede convertirse en una diana terapéutica: un punto débil del tumor contra el que existe un fármaco dirigido. Son las llamadas terapias dirigidas. Otros marcadores, como PD-L1, ayudan a valorar el beneficio de la inmunoterapia, que estimula al sistema inmunitario para reconocer y atacar las células tumorales.
Existen otras alteraciones con tratamiento dirigido (MET, RET, NTRK o HER2, entre otras), y la lista crece cada año. La elección final del fármaco la realiza el equipo de Oncología según el estadio, la situación del paciente y las indicaciones aprobadas.
Los biomarcadores no solo indican qué tratamiento puede funcionar. También orientan sobre cuál puede ser menos útil: por ejemplo, los tumores con alteraciones de EGFR o ALK suelen responder peor a la inmunoterapia, y en ellos la terapia dirigida es la opción prioritaria. Conocer el biomarcador evita tratamientos menos eficaces y abre la puerta al más adecuado. Eso es exactamente personalizar el tratamiento.
CIRUGÍA Y BIOMARCADORES: UNA MISMA ESTRATEGIA
A menudo se piensa que la cirugía y el estudio molecular del cáncer son mundos separados. En realidad, forman parte de la misma estrategia, y el cirujano torácico tiene un papel clave en ambos.
Para estudiar biomarcadores se necesita tejido tumoral de calidad y en cantidad suficiente. Ese tejido puede proceder de una biopsia diagnóstica o de la pieza quirúrgica obtenida al extirpar el tumor.
Cuando realizamos una resección pulmonar por cáncer, el anatomopatólogo puede estudiar el tumor en profundidad: su tipo exacto, su tamaño y sus características microscópicas. Además, durante la intervención realizamos una linfadenectomía, es decir, extraemos ganglios de distintas estaciones del tórax para analizarlos al microscopio.
Con todo ello obtenemos dos tipos de información en un mismo acto:
- El TNM patológico, más preciso que el TNM clínico estimado antes de operar con el TAC y el PET-TAC. Un ganglio que parecía normal en las pruebas de imagen puede contener células tumorales microscópicas.
- El perfil molecular del tumor, cuando está indicado estudiarlo, a partir del tejido extirpado.
Dicho de otro modo: la cirugía responde a la vez a hasta dónde ha llegado el cáncer y a cómo es biológicamente.
SI ME HAN QUITADO EL TUMOR, ¿POR QUÉ NECESITO MÁS TRATAMIENTO?
Es una de las preguntas que más escuchamos en consulta después de una intervención. La respuesta es que extirpar completamente el tumor visible no siempre significa que el tratamiento haya terminado, y aquí los biomarcadores también son decisivos.
Tras la cirugía conocemos el estadio patológico definitivo y podemos estimar mejor el riesgo de que queden células tumorales microscópicas fuera de la zona extirpada. En ese momento, el perfil molecular del tumor puede orientar qué tratamiento complementario es el más adecuado:
- En pacientes operados con mutación de EGFR, y en determinados estadios, un tratamiento dirigido después de la cirugía ha demostrado reducir el riesgo de que el cáncer reaparezca.
- En tumores operados con reordenamiento de ALK, también existe ya un tratamiento dirigido complementario tras la cirugía en estadios seleccionados.
- Antes de plantear inmunoterapia antes o después de la operación, es importante conocer si el tumor tiene alteraciones de EGFR o ALK, porque cambian la estrategia.
Por eso el estudio de biomarcadores ya no se reserva solo para la enfermedad avanzada. También en el cáncer de pulmón operable, conocer el biomarcador puede cambiar el tratamiento. Las opciones (quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia, terapias dirigidas o combinaciones) se deciden de forma individual en el comité multidisciplinar.
LA IDEA FUNDAMENTAL
Ya no tratamos solo un órgano llamado pulmón ni una imagen en un TAC. Tratamos a un paciente concreto con un tumor concreto. Para ello integramos el tipo de tumor, su extensión (TNM) y, cuando está indicado, sus biomarcadores. Cirujanos torácicos, oncólogos, radioterapeutas, neumólogos, radiólogos, médicos nucleares y anatomopatólogos analizamos juntos esa información.
Si usted o un familiar tiene un diagnóstico de cáncer de pulmón, estas preguntas pueden ayudarle en la consulta:
- ¿Se ha estudiado el perfil de biomarcadores de mi tumor?
- ¿Hay suficiente tejido para hacerlo, o necesito otra biopsia?
- ¿Mi tumor tiene alguna alteración con tratamiento dirigido?
- ¿Cómo cambian estos resultados mi tratamiento, antes o después de la cirugía?
Conocer dónde está el tumor sigue siendo fundamental. Pero conocer cómo es biológicamente es lo que nos permite elegir un tratamiento específico y personalizado para cada paciente.
Este artículo tiene un fin divulgativo y no sustituye la valoración individual por su equipo médico.